
El mínimo vital de Petro no compensa los impactos de la carestía, alimenta el flujo de importaciones y provoca un desescalamiento salarial para trabajadores con ingresos mayores a un SMMLV.

El mínimo vital de Petro no compensa los impactos de la carestía, alimenta el flujo de importaciones y provoca un desescalamiento salarial para trabajadores con ingresos mayores a un SMMLV.

Estados Unidos controla a Colombia. Neocolonia —no “subdesarrollo”, según dicen algunos para ocultarlo—. Tan dañina como fue la sumisión de Gustavo Petro a Biden, es ahora su infantil política aventurera y provocadora frente al “gran garrote” de Trump. Podría perjudicar aún más a millones.

Colombia Soberana celebra este logro profesional de Aurelio Suárez Montoya como propio y pone a disposición de los trabajadores y la intelectualidad colombiana el trabajo que le ha merecido tan alta distinción.

Se dice que la informalidad es el problema, pero no es más que el síntoma de una enfermedad más profunda: la falta de un sistema nacional de economía política propiciada por el Estado para el desarrollo de las fuerzas productivas, una deuda pendiente en el Gobierno de Petro, así como en el ámbito departamental y municipal.

A propósito del día internacional de solidaridad con el Pueblo Palestino, un análisis con los datos, las empresas y el capital financiero detrás del genocidio en Palestina, que patrocina y financia Estados Unidos, la superpotencia imperialista.

Las mayores perjudicadas son las micro, pequeñas y medianas empresas, el 99 por ciento del total, que responden por el 79 por ciento del empleo general y 53 del formal.

Esta economía de guerra garantiza la hegemonía, estimula conflictos y es clave en el comercio exterior estadounidense. Negocio montado sobre miles de cadáveres, con rentas extraordinarias. Al imperialismo no le sirve la paz.

Balance negativo del T.L.C. no es solo comercial, deuda pública creció a 64 % del PIB y la economía creció menos que en 12 años anteriores. Sigue la destrucción productiva de Colombia.

El déficit anual previsto en las cuentas oficiales será descomunal: del 5,3 por ciento del PIB, casi el máximo permitido en la regla fiscal. En la superolla.

El año 2024, en el que el déficit fiscal será de 5,3 por ciento del PIB, superior al 4,3 de 2023, se vislumbra igual o peor. Hasta Petro, el neoliberal, anuncia “colapso”, ¿cómo no, si continúa su histórico pacto con el FMI, el de una macroeconomía “adecuadamente restrictiva”?