1º de mayo: una píldora para la memoria de la clase obrera

El Día Internacional de la Clase Obrera es una jornada de memoria que conmemora la lucha por la jornada de ocho horas y el sacrificio de los mártires de Chicago.

El 1° de Mayo se conmemora el día internacional de la clase obrera desde hace 137 años. Sin embargo, este día no es un regalo por parte de los dueños del capital y los medios de producción, por el contrario, como gran parte de los derechos adquiridos desde la consolidación del capitalismo como modo de producción es una conquista y este día es esencialmente una píldora para la memoria del largo camino que ha emprendido la clase trabajadora por su emancipación. Esa es la historia de los mártires de Chicago que lucharon por una jornada laboral de 8 horas. Para entender su importancia, nos remitiremos al origen del capitalismo y las condiciones que engendró, para mostrar cómo la justicia de este sistema condenó a los obreros de Chicago en 1886 por exigir sus justas reivindicaciones.

Un esbozo del origen del Capitalismo

El capitalismo va a tener un auge importante a finales del siglo XVIII. Un ejemplo de este desarrollo es la mecanización de las manufactureras de algodón que comenzó a extenderse por todo el globo en 1780, desde Gran Bretaña a la Europa continental y a Estados Unidos (Beckert,2016). El gran desarrollo de la maquinaria empezó a dar paso al aumento de la productividad, esto fue posible debido a la división del trabajo, que es la división de los procesos de producción en partes más pequeñas y especializadas.

Esta gran empresa transformó por completo el mundo, así como escribieron Marx y Engels en el Manifiesto del Partido Comunista (1848), en su análisis sobre el surgimiento histórico del capitalismo


“la industria moderna ha transformado el pequeño taller del maestro patriarcal en la gran fabrica del capitalista industrial. Masas de obreros, hacinados en la fábrica, están organizados en forma militar. Como soldados rasos de la industria, están colocados bajo vigilancia de una jerarquía completa de oficiales y suboficiales. No son solamente esclavos de la clase burguesa, del estado burgués, sino diariamente, a todas horas, esclavos de la máquina, del capataz y, sobre todo, del patrón de la fábrica.”

En este incesante proceso histórico la burguesía derrocó un viejo orden y creó el suyo, pero a su vez creó el arma y quien la empuñaría para también ser sepultada. Ya lo mencionaban Marx y Engels “La burguesía no ha forjado solamente las armas que deben darle muerte, han producido también los hombres que empuñaran esas armas: los obreros modernos, los proletarios.”

El capitalismo no nació bondadoso y menos adjudicó a la clase obrera los derechos que concebimos hoy en día. En sus albores el capitalismo se cimentó sobre la vieja estructura usando en parte la esclavitud, en algunas latitudes, como es el caso de Estados Unidos que sería abolida hasta finalizar la Guerra Civil (1865). También se posó sobre la explotación infantil, una historia poco retratada. Como ejemplo está el caso de Ellen Hotton, una niña de 10 años en Manchester, Inglaterra que sufrió jornadas laborales de cinco de la mañana a ocho de la noche (15 horas laborales), mezcladas con maltrato físico, como colgarle una pesa de hierro entre 7 y 9 kilos y hacerla caminar por la fábrica. Ellen recibió una paga inferior a la de los adultos, sumado a trabajar gratis los primeros cinco meses por no saber el oficio (Beckert,2016). Este horror no era excepcional: reflejaba la nueva condición del trabajador fabril, desposeído de todo medio de producción. El modo de ganarse el pan se había transformado por completo. Antes, los granjeros atendían su propio sustento. Un artesano creaba objetos que podía vender o cambiar por otros. El obrero de una fábrica, en contra posición, no posee nada salvo su fuerza de trabajo. La miseria es la regla general con la que nació el capitalismo, para hombres y peor aún para las mujeres, ahora reducidos a una mera mercancía a través del trabajo asalariado, produciendo riqueza, sin quedarse con absolutamente nada.

En 1860 Estados Unidos había convertido el sector textil del algodón en la industria manufacturera más importante, en relación con el capital invertido, como con el número de trabajadores empleados y al valor neto de su producción (Beckert,2016). Este largo proceso del capitalismo industrial se consolidó con base entre los “señores del látigo (esclavistas) y los señores hilanderos (capitalistas)”. Marx y Lenin analizaron parte del proceso de desarrollo que llevaba Norteamérica, parte de sus conclusiones fueron la gran cantidad de inmigrantes que atrajeron de Europa principalmente bajo la promesa de una tierra de libertad y de una mejor remuneración. Esta combinación del ascenso del capitalismo en Norteamérica y las grandes migraciones de mano de obra asalariada de las distintas latitudes, llevarían a una huelga a finales del siglo XIX en Estados Unidos.

Los Mártires de la Clase Obrera

A finales del siglo XIX en Estados Unidos el movimiento obrero estaba nutrido por inmigrantes, esto lo describió Lenin de la siguiente manera “Solo la extrema miseria obliga a la gente a abandonar su patria y de que los capitalistas explotan con la mayor desvergüenza a los obreros inmigrantes”, para 1881 y 1890 llegaron 4.722.000 inmigrantes a la llamada patria de la “libertad”. En Estados Unidos muchos de los dirigentes obreros eran inmigrantes y se forjaron como grandes oradores de la clase trabajadora que exigían una jornada laboral de ocho horas.

José Martí en su crónica para el periódico la Nación relatará el hecho del luctuoso mayo de 1886, a modo de denuncia como después de una huelga en Haymarket serían llevados los dirigentes obreros a un estrado para ser acusados injustamente de haber asesinado a un policía. Porque como no encontraron al culpable, las fuerzas del orden burgués tomaron represalia contra los oradores de las jornadas de las grandes movilizaciones obreras. Algunos de ellos fueron sentenciados a la horca, otros a cadena perpetua.

En estas cortas líneas rendimos homenaje a los mártires de Chicago y de la clase obrera cuyas voces aun resuenan en cada rincón del mundo, en cada lucha obrera. Recordando también las palabras de Bertolt Brecht en su poema “Preguntas de un obrero que lee”

¿Quién construyó Tebas, la de las siete Puertas?

En los libros aparecen los nombres de los reyes.

¿Arrastraron los reyes los bloques de piedra?

Y Babilonia, destruida tantas veces,

 ¿quién la volvió siempre a construir?  “

¿Quiénes son?

August Spies, alemán, director del periódico Arbeiter Zeitung. Condenado a la horca. En su discurso ante el tribunal sentenció: “Pero si creéis que ahorcándonos podéis contener el movimiento obrero, ese movimiento constante en que se agitan millones de hombres que viven en la miseria, los esclavos del salario; si esperáis salvación y lo creéis, ¡Ahorcadnos…! Aquí os halláis sobre un volcán, y allá y acullá y debajo y al lado y en todas partes fermenta la Revolución. Es un fuego subterráneo que todo lo mina. Vosotros no podéis entender esto”.

George Engel, alemán, periodista. Condenado a la horca. En su discurso ante el tribunal sentenció: “Yo no combato individualmente a los capitalistas; combato el sistema que da el privilegio. Mi más ardiente deseo es que los trabajadores sepan quiénes son sus enemigos y quiénes sus amigos. Todo lo demás lo desprecio: desprecio el poder de un gobierno inicuo, sus policías y sus espías. No tengo nada más que decir.”

Adolph Fischer, alemán, periodista. Condenado a la horca. Al final de su discurso ante el tribunal dijo: “Este veredicto es un golpe de muerte dado a la libertad de imprenta, a la libertad de pensamiento, a la libertad de palabra en este país. El pueblo tomará nota de ello. Es cuanto tengo que decir.”

Louis Lingg, alemán, carpintero. Condenado a la horca. De forma contundente sentenció: “Soy enemigo del orden actual, y repito también que lo combatiré con todas mis fuerzas mientras aliente”

Albert Parsons, estadounidense, periodista. Condenado a la horca. En un discurso profundo sentenció: “(…) hoy, siguiendo las leyes eternas del proceso y de la lógica, la lucha es puramente económica e industrial y tiende a la supresión del proletariado, de la miseria, del hambre y de la ignorancia. Nosotros somos aquí los representantes de esa clase próxima a emanciparse, y no porque nos ahorquéis dejará de verificarse el inevitable progreso de la humanidad”

Michael Schwabb, alemán, tipógrafo. Condenado a cadena perpetua En su discurso dijo: “Nosotros defendemos (…) el comunismo, y ¿por qué? Porque si nosotros calláramos hablarían hasta las piedras. Todos los días se cometen asesinatos, los niños son sacrificados inhumanamente, las mujeres perecen a fuerza de trabajar y los hombres mueren lentamente, consumidos por sus rudas faenas; y no he visto jamás que las leyes castiguen estos crímenes.”

Samuel Fielden, alemán, obrero textil. Condenado a cadena perpetua. Seguro de sus convicciones sentenció: “Pues bien; se me acusa de excitar las pasiones, se me acusa de incendiario porque he afirmado que la sociedad actual degrada al hombre hasta reducirlo a la categoría de animal. Andad, id a las casas de los pobres, y los veréis amontonados en el menor espacio posible, respirando una atmósfera infernal de enfermedad y muerte. ¿Creéis que estos hombres tienen verdadera conciencia de lo que hacen? De ningún modo.”

Oscar Neebe, alemán, vendedor ambulante. Condenado a cadena perpetua. Sentenció en su juicio: “Habéis probado que organicé asociaciones obreras, que he trabajado por la reducción de horas de trabajo, que he hecho cuanto he podido por volver a publicar el Arbeiter Zeitung: he ahí mis delitos. Pues bien; me apena la idea de que no me ahorquéis, honorables jueces, porque es preferible la muerte rápida a la muerte lenta que vivimos”

 Referencias

Lenin. Capitalismo y emigración de los obreros (1913)

Marx y Engels. Manifiesto del partido comunista (1848)

Beckert. El imperio del Algodón (2016)

José Martí. Un drama terrible: Crónica sobre los mártires de Chicago (2024)

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