El imperialismo de los Estados Unidos está en decadencia. Las tensiones entre segmentos de su población y facciones de su oligarquía lo empujan a acciones cada vez más agresivas para sostener su hegemonía. Ejemplo de ello es la ofensiva en Medio Oriente, iniciada hace tres años con el recrudecimiento del exterminio del pueblo palestino. Allí, el mundo ha podido apreciar la valerosa resistencia de la nación iraní, las limitaciones del foro BRICS+ y la preeminencia de Israel en el bloque proestadounidense. Dentro de ese bloque también están los autodenominados progresistas, que se lamentan por la guerra mientras sirven al poder que la origina. En el acto de Movilización Global Progresista de Barcelona (17 y 18 de abril de 2026) se presentaron la criminal Hillary Clinton; la arquitecta de la estrategia comercial “Made in America”, Katherine Tai; los vicecancilleres de Alemania y Austria, el viceprimer ministro británico y -cómo no- el presidente de Colombia[1].
El gobierno de Gustavo Petro apoya “la coordinación de esfuerzos defensivos” contra Irán[2], condena sus contraataques[3], compra 17 cazas a la OTAN, respalda el tutelaje de Venezuela, levanta un checkpoint en Gorgona, permite los bombardeos marítimos y ordena los bombardeos terrestres, que Iván Cepeda ha dicho que mantendría, junto con el glifosato, en el marco de un trato “cooperativo y fructífero” con EE.UU[4]. Pero la cooperación de nuestro así entendido progresismo solo deja frutos al capital financiero, que tiene en la superpotencia su metrópoli. Disparan la deuda pública, destruyen Ecopetrol, privatizan elementos estratégicos, profundizan la apertura comercial, eliminan garantías laborales, desfinancian la salud y las pensiones y recargan cada vez más impuestos, alzas y confiscaciones sobre el ahorro, la producción y el consumo.
La extensión de toda clase de prebendas “sociales” entre distintos sectores no ha logrado atenuar este saqueo: entre 2023 y 2025, el ingreso real promedio por habitante ha tenido un miserable incremento de tres dólares al mes, porcentualmente inferior al del periodo 2016 – 2018. En cambio, la usurpación de los símbolos y los discursos propios de las tradiciones de lucha del pueblo colombiano sí ha logrado confundir, torcer y achicar a muchos, que o bien se tapan los ojos ante la realidad, o bien ayudan a maquillarla, atribuyéndosela a fuerzas abstractas para no tener que mencionar las concretas.
Por fortuna, este no ha sido el caso de los propietarios que se levantan contra la patraña del catastro, de las compañías de transporte que frenaron el alza del diésel, de los pacientes que protestan contra sus EPS intervenidas, de los parameros que no se dejaron expulsar del Cocuy, de los productores de café, papa, arroz y leche que denuncian las importaciones y el contrabando, de los mineros que enfrentan la represión más violenta, de los Wayuu que vencieron a los despojadores y a las eólicas, de las bases indígenas del suroccidente que forzaron su reconocimiento, ni de diversas organizaciones de obreros. En el sector privado se destacan la huelga en Goodyear que lidera Sintraincapla, los dos años de la resistencia de Sinaltrainal Bugalagrande contra los atropellos del binomio Nestlé – gobierno Petro, la lucha de los trabajadores de Bavaria por sus garantías. Además, en el sector público, emergen expresiones importantes de resistencia civil, como las de la Veeduría Nacional por el Derecho a la Salud del Magisterio, las de la Unión Sindical Obrera por la soberanía energética, las de los trabajadores de Agrosavia por la defensa del sistema científico nacional, las madres comunitarias y los trabajadores de los ministerios del Trabajo y del Deporte, entre otros.
Ponerse al frente de estas luchas y combatir sin contemplaciones la política gobernante es el único camino coherente hacia la liberación nacional y, en esa medida, hacia la construcción de un mundo nuevo. Los trabajadores de Colombia están llamados a liderar ese propósito, unificando en torno suyo a todos los sectores que sea posible unificar. Su Día Internacional debe servir para renovar este compromiso, deslindándose de marchas oficialistas con fines electorales, dirigidas a respaldar proyectos continuistas de políticas regresivas contra la soberanía, la producción, el bienestar y el trabajo nacionales.
Partido Colombia Soberana
Declaración 1° de mayo 2026
www.soberania.co
[1] https://globalprogressivemobilisation.org/es/speakers
[2]https://www.securitycouncilreport.org/whatsinblue/2026/04/middle-east-crisis-vote-on-a-draft-resolution-on-the-strait-of-hormuz.php
[3] https://press.un.org/en/2026/sc16315.doc.htm
[4]https://elpais.com/america-colombia/elecciones-presidenciales/2026-03-20/ivan-cepeda-nuestro-enfrentamiento-no-es-con-paloma-ni-abelardo-es-con-uribe.html





