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Duberney Galvis

Docente universitario. Lic. en comunicación. Esp. Gestión Ambiental. Est. Mag en Desarrollo Rural. Columnista de opinión en El Diario ―el periódico de Pereira― y en La Silla Vacía.

Las falacias cafeteras de Petro y la indolencia de la Federación

El café atraviesa una nueva crisis relacionada con la volatilidad de los precios, la tasa de cambio, la caída en la producción, la estructura de costos, las nuevas características del mercado mundial y los factores administrativos. Una trágica situación para 550,000 familias productoras. Y el presidente Petro, antes que soluciones, recita falacias.

Hace un tiempo sentenció: “el petróleo mata la caficultura”, relacionando la extracción petrolera con el retroceso cafetero. Pero ocurre lo contrario, la privación de derivados del petróleo para la caficultura refuerza la homogeneidad sectorial en el modelo insumo-producto, incrementando los costos, “agravando los ciclos volátiles de la comercialización guiada por la especulación, que trasciende la interacción física de la oferta y la demanda”. Y el año pasado en Pitalito, Huila, cuando acudió al foro cafetero para apagar el volcán de las movilizaciones, afirmó: “el café llegó a generar cinco mil, seis mil millones de dólares al año durante varias décadas del siglo XX”; cuando en el mejor de los casos en los últimos 50 años llegó a 3.962 dólares en el 2022, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane). 

En el mismo foro, Petro exageró el sueldo ya de por sí oneroso de Germán Bahamón en la Federación, sostuvo que devengaba 200 millones mensuales. El gerente aprovecharía ese tiro al aire para proponerle un tinto de la paz en Juan Valdez. Hay más, aunque en la última década las cifras ubican a Colombia como tercer productor, hace poco profirió: “éramos el segundo productor mundial, hoy somos el quinto”.

De remate, su ministra de agricultura no cesa de reprochar a los caficultores “por no ahorrar en la bonanza”. Y en un despliegue que expresa más desconocimiento que eficacia, publicó: ‘logramos la cuota de renovación de café’, sabiendo que solo había destinado recursos para 7,800 hectáreas. A su lado, Bahamón, amplio en elogios y le recordó, sin proponérselo, la importancia “de la renovación del 20% anual de los cafetales”, equivalente a 194,000 hectáreas. Muestras que en la política cafetera de Petro prima la hipérbole, lejos de la realidad, dirigida a la galería más que a enfrentar las problemáticas rurales.

La reforma agraria cafetera

La pretendida Reforma Agraria Cafetera reposa sin resolver cómo frenará la tendencia de dividir las tierras en minifundios o cómo la siembra de variedad robusta, diseñada para producción intensiva en capital, contribuirá al aumento del área de los pequeños cafeteros que son más del 80%, además sumergidos en un contexto de crisis que incluye el declive de la producción.

Cuadro 1: Colombia. Evolución producción anual de café (millones de sacos de 60 kilos. 2019-2023)

Esto sin contar el estancamiento de la Reforma Rural Integral (RRI) que, de tres millones de tierras prometidas para el cuatrienio, recortaron a un millón, y agotado el primer año, solo adquirieron 100 mil de las cuales no entregaron ni la cuarta parte. Negativa gestión de la ministra de Agricultura.

Importaciones y costos de producción

Bahamón, ahora de la mano del gobierno, vacila frente al diluvio de café extranjero pese a ostentar la representación de los productores nacionales. Y es sabido, como confirman fuentes desde el sur del país, parte del café ingresa por la frontera con Ecuador, pasa a Ipiales, Nariño, de allí a Sibundoy y Mocoa, Putumayo, de donde sale hacia Pitalito, Huila, para legalizarlo antes del envío a destinos como Chinchiná, Pereira y otros. No ha interesado que el grado de apertura, el Coeficiente de Penetración de Importaciones (CPI), supere el 95%, afectando el precio interno en la medida en que se flexibiliza la curva de la oferta al agregar entre 1,5 y 2 millones de sacos al mercado.

Gráfico 1. Fuente: Federacafé, Informe mensual, diciembre, 2023.

Fueron 7,8 millones de sacos importados en este quinquenio, para el 2022 superó todo el consumo interno, ¿terminó reexportándose con sello colombiano?

En consecuencia, productores y Representantes a la Cámara de las regiones cafeteras solicitaron activar la salvaguardia comercial para el café, cuyo arancel asciende al 70%. El ministerio de Comercio Exterior respondió que estudia la posibilidad de iniciar investigación oficiosa para la aplicación de una medida de salvaguardia OMC a las importaciones de café.

Entre tanto, los costos de producción crecen por encima de 170,000 pesos la arroba, mientras el mercado oferta  es de 130,000 pesos en promedio. Hoy, si un productor minifundista como Milton Rojas de La Celia Risaralda –en tres hectáreas– suma: jornales de tres trabajadores, insumos y alimentos, pierde el 50% por arroba.

Fallas institucionales

Crece el descontento de las bases cafeteras con la Federación y el gerente indolente –al igual que el gobierno– para atender la crisis, la cual niega.

La estructura piramidal de Fedecafé afianzó la concentración burocrática estipulando la reelección indefinida de los directivos (artículo 20 y 56 de los Estatutos de la Federación), favoreciendo a los 15 miembros gremiales de la dirección nacional, ya no elegidos por los comités departamentales, sino entre sí mismos, varios vieron a dos Santos Papas turnarse en el vaticano mientras ellos continúan en el cargo. Tan inicuo cuadro se apareja con el descalabro de las cooperativas a manos de la Federación, más de la mitad con desempeño negativo.  De ahí que tome fuerza la iniciativa de las bases caficultoras por depositar una tercera papeleta en las próximas elecciones, promoviendo la reestructuración federativa. Aquí sí se puede hablar de una genuina “ruptura institucional”.

Una segunda oportunidad sobre la tierra

El malestar cafetero tiene fundamento. Concurren la charlatanería gubernamental y la indolencia de la Federación antes que la solución a los problemas coyunturales y estructurales, que exigen un precio interno rentable y remunerativo, protección a la producción autóctona de calidad, un nuevo diseño institucional, el manejo eficaz y transparente del Fondo Nacional del Café, y la activación del Fondo de Estabilización que retiene $350.000 millones en aportes. Ojalá la caficultura colombiana, como Macondo, tenga “una segunda oportunidad sobre la tierra”.

Columna tomada de La Silla Vacía.
Publicada el 5 de marzo de 2024.

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Duberney Galvis

Docente universitario. Lic. en comunicación. Esp. Gestión Ambiental. Est. Mag en Desarrollo Rural. Columnista de opinión en El Diario ―el periódico de Pereira― y en La Silla Vacía.

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