Soberanía alimentaria y cuidado del territorio: un asunto de mujeres

SOBERANÍA conversó con Anaís Muñoz, lideresa campesina que ha hecho de la soberanía alimentaria, la defensa del agua y la organización comunitaria una causa de vida


En esta ocasión dialogamos con Anaís Muñoz, lideresa campesina de la vereda Santa Bárbara, en la localidad 19 de Ciudad Bolívar, quien ha dedicado más de dos décadas a la organización comunitaria y la defensa del territorio rural en el sur de Bogotá. Desde los 22 años asumió el liderazgo en procesos de soberanía alimentaria, acceso al agua y participación en instancias como la Mesa Rural Ancestral, la Mesa de Soberanía Alimentaria y la ULDER (Unidades Locales de Desarrollo Rural). Su trayectoria refleja el papel protagónico que hoy cumplen las mujeres en el campo: no solo en la producción, sino en la transformación ambiental, social y económica de sus comunidades.

“Yo empecé a los 22 años, rompiendo brechas de desnutrición que había en el campo”, recuerda desde la vereda Santa Bárbara, donde vive y trabaja: “sembrabamos mucha comida, pero la gente y – sobre todo – los niños presentaban desnutrición, por lo que más allá de apostar a la seguridad, le apostamos a la soberanía alimentaría”. Su liderazgo se ha tejido en múltiples espacios e instancias, desde donde ha impulsado la organización comunitaria para que “no nos impongan cosas y realmente nos escuchen”.

Sobre el papel de las mujeres en el campo, Muñoz es clara: “La mujer ha sido responsable de la transformación ambiental, social y económica”. En una zona donde predominan cultivos convencionales de papa, arveja y haba, asegura que han dado una lucha estratégica para cambiar el modelo basado en químicos. Para ella, la soberanía alimentaria significa libertad: “No tenemos que depender de una góndola ni de que nos alimenten como otros quieren. Podemos consumir nuestros propios alimentos, usar nuestras semillas por nuestra salud, por nuestros consumidores y por la madre tierra”.

En cuanto a los retos del territorio, denuncia que la ruralidad del borde de Ciudad Bolívar está amenazada por el relleno sanitario Doña Juana, la minería, la expansión urbana y el turismo descontrolado. “Nos imponen escoger entre ser turísticos o ser productores, mucha gente ha dejado de sembrar, para ser complaciente con turistas, lo cual reemplaza nuestra identidad y producción; el relleno ha generado una serie de afectaciones en la vida de los pobladores y sus cultivos, porque hay presencia de enfermedades, ratas, moscas… y  la minería tiene acabadas las montañas” También cuestiona la ejecución de la política pública de ruralidad: “Dan proyectos, pero no llegan los insumos. Tercerizan y al campesino no le llega la ayuda, los recursos se quedan y no hay avances reales”.


El agua para Anais se defiende como un bien común, materializado en el acueducto comunitario Acuavida que garantiza su acceso a tres veredas de Ciudad Bolívar y a una vereda de Usme,  “Ya llevamos bastante tiempo gestionando este recurso, que más que eso, es un bien para todos, pero lo que nosotros cuidamos no puede ser para que lo vendan a multinacionales, como ha pasado en La Calera”.


Anais es consciente de la importancia de la vinculación de los jóvenes en las reivindicaciones por la soberanía y el campo; sin embargo,  ve con preocupación cómo las juventudes se ven abocadas a aspectos efímeros desligandolos de su identidad y de las luchas allí dadas “Aquí deberían enseñar desde pequeños que su vida está vinculada al campo”, afirma.

Esta mujer es, sin duda,  un ejemplo de liderazgo e indica de manera reiterativa con toda claridad que la lucha campesina es, en esencia, una defensa de la soberanía enfatizando que “Cuando nos imponen las cosas, nos someten y debemos luchar contra ello”.

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Periódico Soberanía

Periódico oficial del partido Colombia Soberana.

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