Por: SOBERANÍA
Se trata, en primer lugar, de la nueva Estrategia Global de Seguridad Nacional de Estados Unidos y de sus postulados para Medio Oriente, que apuntan al control de los recursos energéticos, al dominio geográfico estratégico y a la presión que se pueda ejercer sobre los países que tiene como principales rivales económicos y políticos, en especial contra China. Para este cometido busca conformar el “Gran Israel”.
De ahí que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, afirmó el 13 de febrero que la guerra contra Irán pretende consolidar “el estatus de
Israel como superpotencia global, más que nunca”. Esa hegemonía regional, apalancada por Estados Unidos, a la que ya se pliegan la mayoría de los estados árabes, incluye la anexión geográfica de Palestina y de territorios de Líbano y Siria.
El Golfo Pérsico, situado entre Irán y la península arábiga en Oriente Medio, es un nodo central de la energía -que alberga la mitad de las reservas mundiales de petróleo y gas. Para Estados Unidos, controlarlo hace parte del poder hegemónico que decidió implantar sobre los cinco sistemas marítimos considerados claves tanto para el comercio mundial como para la estrategia militar de superpotencia.
En el Caribe, el canal de Panamá y el Pacífico latinoamericano, con la operación “Lanza del Sur” reforzó y extendió su presencia e intervención. En el Mediterráneo mantiene numerosas bases militares operadas directamente o mediante sus aliados de la OTAN.
En el Mar del Norte y el Báltico, fuera de las alianzas históricas con Gran Bretaña, Países Bajos y Alemania, con el ingreso a la OTAN de Suecia y Finlandia accede al uso de 32 áreas militares para uso estadounidense, agregadas a 12 que Noruega ya designó y a 3 de Dinamarca, para un total 47 instalaciones militares. Con ellas el imperialismo norteamericano se aproxima a Groenlandia y avanza hacia la preponderancia en el Océano Ártico.
En el Mar del Sur de China, adyacente al estrecho de Malaca, por donde se mueve un tercio del transporte comercial internacional, Washington aumenta el despliegue mediante numerosas alianzas militares y económicas en la región con aliados como Japón, Corea del Sur, Australia, Filipinas y Nueva Zelandia. Se concretan con los pactos AUKUS (Australia y Reino Unido) para la defensa submarina y el QUAD (Australia, Japón e India) para cooperación estratégica. Igualmente, la colaboración australiana se extiende a licenciar el uso a EEUU de sus bases militares, así como la operación de submarinos nucleares en sus aguas náuticas.
Sobre el sistema marítimo del Golfo Pérsico, el mar de Arabia y el océano Índico, Estados Unidos viene, desde la década de los años noventa del siglo XX, en un franco incremento de bases militares en Kuwait, Bahréin, Qatar, Emiratos Árabes y Arabia Saudita. Esas posiciones las aprovecha para hostigar a su principal rival estratégico y económico, China, con alto grado de dependencia del mercado energético de esa zona en el que compra el 80 por ciento del petróleo iraní, un promedio de 1,38 millones de barriles diarios, cerca del 13,4 por ciento del total de 10,27 millones de barriles que adquiere por vía marítima. Intervenir en el Estrecho de Ormuz le posibilita al Tío Sam limitar esa provisión en tanto socava la presencia china que es cada día más relevante en Oriente Próximo.
Por el estrecho de Ormuz cruza el 38 por ciento de crudo mundial, el 29 por ciento del gas licuado de petróleo (GPL), el 19 por ciento del gas natural licuado (GNL), el 19 por ciento de productos petroleros refinados y el 13 por ciento de los productos químicos (Portafolio, marzo 12, 2026). También Japón depende en el 90 por ciento del tráfico de hidrocarburos que cruza Ormuz, Corea en el 70 y Taiwán en el 60. En cuanto al GNL, más del 80 por ciento que transita por el estrecho va para Asia lejana (Sin permiso, marzo 13, 2026).
Oriente Medio es la región que se considera “básicamente de mayor potencial de crecimiento para China”, según Dan Wang, directora para China de Eurasia Group. Allí hizo inversión directa, entre 2019 y 2024, por 89.000 millones de dólares y con la guerra, entra en peligro también un voluminoso portafolio de préstamos y subvenciones. “Los bancos asiáticos y chinos, que se han convertido en los principales financiadores del Golfo, concedieron préstamos por valor de más de 15.000 millones de dólares en 2025”, lo cual es “cifra récord que triplica la del año anterior, y la mayor parte del capital se destinó a Arabia Saudí y a los Emiratos Árabes Unidos” (Bloomberg).
El gigante petrolero chino Sinopec tiene participación en la ampliación de North Field East, el bastión del gas en Qatar y China financia la ampliación de los puertos de Haifa (Israel) y Khalifa (Emiratos Árabes). También es el mayor inversor de desalinización en la región, donde destacados proyectos fueron construidos por la Power Construction Corp. tanto en Arabia Saudita como en Emiratos Árabes, Omán e Irak en un sector fundamental para la dotación de agua que alcanzará de valor 15 mil millones de dólares en esos países en 2030.
En 2025 las exportaciones chinas a la región crecieron casi el doble que las exportaciones al resto del mundo y sus inversiones allí tuvieron mayor ritmo. Emiratos Árabes se convirtió en el mercado de mayor consumo para los autos eléctricos chinos y Arabia Saudita duplicó la demanda de acero proveniente de ese país. En Irán financian, construyen y gestionan infraestructuras, redes eléctricas y plantas petroquímicas.
“La lógica depredadora e imperialista de Trump cuenta con el apoyo del capital estadounidense a pesar de los riesgos. La guerra se ha convertido -como casi siempre lo ha sido- en elemento central del modelo económico de la primera potencia del mundo” (Sin Permiso; marzo 13, 2026). Estados Unidos ha gastado como mínimo 11.300 millones de dólares en los primeros seis días de la actual guerra contra Irán y Trump pedirá a Congreso un incremento de entre 29.000 y 50.000 millones de dólares (DW Noticias, marzo 12, 2026).
El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el pasado miércoles 11 de marzo, la resolución 2817 propuesta por el Reino de Bahréin -aliado de Estados Unidos e Israel en oriente- que exige a la República Islámica de Irán detener sus ataques contra países del Golfo Pérsico y permitir la navegabilidad en el estrecho de Ormuz.
En consonancia con la subordinación en todos los órdenes del Gobierno de Petro a Norteamérica, revalidada en la vergonzosa visita el 3 de febrero a la Casa Blanca, Colombia, como miembro no permanente del Consejo de Seguridad desde enero pasado, votó, junto con otros doce estados, a favor de dicha proposición 2817. Acompañó una decisión que no diferencia entre los agresores, la Superpotencia estadounidense aliada con el Israel del matón Netanyahu, y la nación agredida, que es Irán.

Imagen del bombardeo estadounidense a una escuela en irán que cobró la vida de 153 personas. Fuente BBC. https://www.bbc.com/mundo/articles/cp85zdd1pz7o
Con este voto el Gobierno de Petro respaldó de hecho la expansión colonial de Israel y Estados Unidos, los mismos responsables del genocidio en Gaza, en otra ofensiva belicosa ahora contra Irán. Solo Rusia y China se abstuvieron de votar, alegando con razón que la resolución no menciona ni condena los ataques de la coalición belicista, trasgresora del Derecho Internacional y de los Derechos Humanos en contra de la República Islámica de Irán, ocurridos de forma unilateral y flagrante, los causantes de la guerra en curso.
Con esa posición adoptada, el Gobierno de Colombia coadyuva a un zarpazo más al ya resquebrajado derecho internacional y se alinea, aunque acarree considerables riesgos económicos globales y la pérdida de miles de vidas, con la política exterior de los Estados Unidos e Israel en Oriente Medio.
¿Dónde quedaron los discursos altisonantes de Petro en favor de la paz mundial? Las alocuciones y trinos presidenciales contrastan con las decisiones que toma en los escenarios internacionales, que exigen acciones concretas. El apoyo a la resolución 2817 del Consejo de Seguridad de la ONU se agrega al nulo respaldo a la demanda de Sudáfrica contra Israel por el genocidio del pueblo palestino en Gaza.
En este contexto, Colombia Soberana:
- Rechaza las agresiones de Estados Unidos e Israel, convertidos en el mayor factor de desestabilización internacional, en contra de las repúblicas de Irán y el Líbano y reitera que los canales diplomáticos y las negociaciones entre estados, en pie de igualdad, son el único mecanismo para la resolución de los conflictos internacionales.
- Denuncia el voto favorable del Gobierno colombiano a la resolución 2817 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, por limitarse a condenar solo los ataques en respuesta a las embates recibidos de la República Islámica de Irán y, en consecuencia, Petro cohonesta con las agresiones imperialistas y coloniales de Estados Unidos e Israel.
- Reivindica una vez más el principio de autodeterminación de los pueblos y el respeto por la soberanía de todas las naciones, las cuales deben resolver sus contradicciones internas de manera autónoma, sin injerencias extranjeras como las de Estados Unidos e Israel la República Islámica de Irán, incluido el asesinato alevoso de sus líderes políticos y espirituales.





