La reciente Estrategia de Seguridad de Estados Unidos (2025) traza las prioridades de la Superpotencia para prolongar su dominio mundial, que, por cierto, se ve erosionado cada vez más. Sin desestimar otros retos, define a China, Rusia y ahora a Irán, como sus principales rivales en el campo comercial, político y militar.
Para mantenerse como hegemón, precisa reforzar el férreo control sobre lo que considera su patio trasero, América Latina, y para este objetivo promulgó el Corolario Trump, que reformula la Doctrina Monroe de “América para los americanos”.
Amaña, para adelantar la nueva embestida imperialista, el lema del presidente James Monroe en 1823 que, al contrario, buscaba poner talanqueras a las intentonas de retoma del Continente por las derrotadas metrópolis coloniales, encabezadas por Gran Bretaña, Francia y España.
Con la adscripción de Colombia a la Coalición Contra los Carteles (A3C), “Escudo de las Américas”, por el presidente, ciudadano norteamericano, De la Espriella -tan solo a una semana de su posesión- se refuerza la condición neocolonial del país, al amparo del trillado rótulo de “aliado estratégico” y la convierte en la piedra angular de su mandato.
Durante el gobierno de Gustavo Petro la sujeción a Estados Unidos se mantuvo y profundizó sin cortapisas más allá de cierta palabrería y uno que otro fútil desplante. Adoptó los lineamientos económicos, políticos y militares formulados por Washington y por los organismos financieros mundiales; extendió licencia de intervención a las operaciones conjuntas con el Comando Sur y a la generala Richardson para pasearse oronda por territorios y guarniciones; extraditó 913 personas, la mayoría a Norteamérica; contribuyó a la construcción de instalaciones militares en Gorgona, dentro de la red de radares Kelvin en el Pacífico, y a la de Leticia, destinada a lo que se bautizó como la “OTAN de la Amazonia”; votó en el Consejo de Seguridad de la ONU contra la justa respuesta de Irán ante la agresión unilateral de Estados Unidos e Israel y con frecuencia recalcaba su rol de colaborador confiable de Washington.
Con Abelardo de La Espriella, el candidato títere de Donald Trump, nada llevará a sorpresa. Su estridente lacayismo y el de su vicepresidente, José Manuel Restrepo, los lleva a imponer como axiomas la apertura del país a mayor inicuo libre comercio y a la inversión extranjera como variable de cierre de la economía, a los dictámenes del capital financiero global, impulsados por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de desarrollo (BID); el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF); la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y a las expresiones más abusivas de la globalización neoliberal. Así lo manifestó Restrepo en su periplo de 50 reuniones por la capital estadounidense.
En cuanto a la “cooperación militar” en seguridad y defensa contra organizaciones narcotraficantes o terroristas, superará un Plan Patriota 2.0 u otra reedición de los planes Colombia de Pastrana y Uribe porque persigue fines adicionales.
En efecto, aparte de combatir redes criminales diversificadas, de tráfico de migrantes, de minería ilegal, de lavado de activos y de economías ilícitas con conexiones internacionales, “se suma la preocupación creciente por la influencia de actores externos como China, Rusia e Irán en América Latina (…) en ese contexto, la cooperación con Colombia dejará de centrarse exclusivamente en derrotar a un grupo insurgente para convertirse en una plataforma regional de seguridad orientada a enfrentar amenazas transnacionales”. (El Tiempo; julio 23 de 2026)
En esa línea, Pete Hegseth, secretario de Guerra, anunció en Panamá, junto al ministro de Defensa, Jorge Eduardo Mora, la autorización de Abelardo para operativos militares conjuntos con tropas estadounidenses en nuestro territorio. Con dicho llamado y la execrable anuencia del nuevo mandatario se invoca a “revitalizar la alianza militar entre ambos países” y al trabajar en la A3C a “más altos niveles”, se cocina una fase superior de la recolonización de Colombia, casi de anexión.
Asimismo, tan infausto proceso demanda una propaganda “cultural” que vuelva verdades irrefutables las peores iniciativas contra la Nación. Se trata de someter ideológicamente a la opinión en el acatamiento al servilismo y que se acepte sin chistar “el milagro divino” del proyecto antinacional, prédica que quiere incubarse mediante el uso de sofisticados métodos.
Atlantic Council, una de las más nombradas organizaciones para promover la primacía mundial estadounidense preceptúa que el Escudo de las Américas implicará que “los países que fortalecen la independencia judicial, combaten la corrupción y aplican marcos jurídicos predecibles crean el entorno estable necesario para atraer inversiones”; es decir, promover contextos jurisdiccionales que distorsionen las constituciones en pro de las transnacionales.
Agrega que: “Washington debería ampliar el conjunto de herramientas utilizadas para fortalecer la resiliencia democrática en la región. Además de la asistencia tradicional en materia de seguridad, Estados Unidos puede aprovechar la financiación de inversiones, las asociaciones público-privadas y los programas de apoyo a la democracia para reforzar las reformas del Estado de derecho, fortalecer las instituciones de supervisión”(Condiciones del éxito del Escudo de las Américas: instituciones y carteles).
En esa mirada de largo plazo, el tal “escudo”, fuera de los asuntos militares, prescribirá en gran proporción, como lo hicieron los planes anteriores, al dictar medidas de los más variados órdenes, como los TLC, la especialización del agro en géneros tropicales, los acuerdos con el FMI, las modificaciones al aparato estatal o disposiciones económicas y hasta ambientales.
La nueva fase de anexión vendrá, como lo sugiere Atlantic Council, con mandatos imperiales como más apertura, la explotación de los recursos naturales sin tasa ni medida, incluidos minerales estratégicos y tierras raras, mayor endeudamiento y más expoliación. Es un saqueo a mayor escala, con toda clase de negocios a los que se declaró “abierto” el vicepresidente Restrepo en el indigno jubileo.
Como lo ha explicado Colombia Soberana desde las elecciones, el “cambio en reversa” de Gustavo Petro adoquinó el camino para el ascenso de la derecha “libertaria” del “tigre” que sentará las bases para la fase superior de la recolonización.
El partido Colombia Soberana, consecuente con la estrategia de Nueva Democracia, en el periodo actual de lucha por la soberanía, la democracia y el bienestar, convoca a los patriotas auténticos, libres de todo oportunismo, a engrosar un torrente de oposición democrática a los nefastos planes de subordinación que Trump y sus tigrillos buscar descargar a toda costa sobre Colombia. ¡Impidámoslo!
Partido Colombia Soberana
Agosto 28 de 2026





