Plan Amazonia para el saqueo recolonizador

Como en el Plan Colombia la fachada fue la lucha antidrogas, para el de la Amazonia, con valores estratégicos, es la deforestación.

El 27 de enero de 2021, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, expidió la orden ejecutiva (EO) 14008. En ella, dado que “Estados Unidos y el mundo enfrentan una profunda crisis climática”, decide “emprender acciones en el país y en el extranjero para evitar los impactos más catastróficos y aprovechar la oportunidad que presenta la lucha contra el cambio climático”, que “debe ir de la mano con el liderazgo internacional de Estados Unidos” (https://www.whitehouse.gov/briefing-room/presidential-actions/2021/01/27/executive-order-on-tackling-the-climate-crisis-at-home-and-abroad/).

En la sección 102, literal g, numeral iii, ordena que el secretario del Tesoro desarrolle, “con el secretario de Estado, el Administrador de Usaid y el director de la International Development Finance Corporation (DFC), un plan para promover la protección de la selva amazónica y otros ecosistemas críticos que sirven como sumideros de carbono global, incluso a través de iniciativas de mercado” (ver ídem).

El 3 de noviembre de 2021, el Departamento de Estado publicó el ‘Plan para conservar los bosques globales: sumideros de carbono críticos’. Señala que “para maximizar la contribución potencial de los bosques y otros ecosistemas críticos a un mundo con cero emisiones netas, Estados Unidos tiene la intención de trabajar con socios para responder a los desafíos de detener la deforestación, mejorar el uso de la tierra y restaurar ecosistemas a escala” (ver https://www.state.gov/plan-to-conserve-global-forests-critical-carbon-sinks/).

Estados Unidos tiene la batuta de dicha “maximización” y puso el foco en el Sudeste Asiático, el Congo y la Amazonia, sobre la que advierte de “posible muerte regresiva”, y prescribe una “gobernanza” con cuatro puntos: “1) disminuir la deforestación, la degradación forestal y emisiones de gases de efecto invernadero; 2) fomentar economía respetuosa con el medioambiente; 3) proteger paisajes y especies clave y 4) asegurar los derechos, recursos y la salud de las comunidades dependientes de los bosques” (ídem pág. 12). Así, los 12 helicópteros US Air Force, con base operativa para lidiar con la destrucción, son un medio, no el Plan.

Como en el Plan Colombia la fachada fue la lucha antidrogas, para el de la Amazonia, con valores estratégicos, es la deforestación. La cuenca del río Amazonas totaliza 7.350.621 kilómetros cuadrados, de los cuales 11,2 por ciento en Bolivia; 67,8 en Brasil; 5,5 en Colombia; 1,7 en Ecuador; 13 en Perú y 0,7 en Venezuela. Con territorios en Surinam, Guayana Francesa y la porción fuera de cuenca, suma 40 por ciento del subcontinente, 7.789.790 kilómetros cuadrados (ver Fearnside, P. M., Inpa, 1997).

Estados Unidos, con John Kerry como Enviado Presidencial para el Clima, con quien Petro tuvo una reunión calificada como “excelente” (Twitter, @ClimateEnvoy19/09/22), planea predominar en la Amazonia, corazón de Suramérica y ansiado trofeo, como infirió G. Castro Caycedo en Nuestra guerra ajena, con un menú de herramientas como el fondo común por 20.000 millones de dólares, que además servirá de contención geopolítica a eventual influencia de China.

Las riquezas que encierra la Amazonia, de las que Biden pide “aprovechar la oportunidad”, son ingentes. Las aguas y bosques, “recurso crucial para el desarrollo económico de América del Sur. Hasta 70 por ciento del PIB del continente sudamericano se produce en áreas que reciben agua de la Amazonia”; tiene “más del 10 por ciento de las especies de vida silvestre” y “100 nuevas descubiertas cada año”; es el “bioma terrestre más importante” (amazonconservation.org).

“Tratamientos y vacunas se derivan de la flora silvestre (…) 70 por ciento de plantas útiles para enfrentar cáncer crecen en selvas tropicales”; y como reguladores del clima, “Los bosques amazónicos almacenan más de 150.000 millones de toneladas métricas de carbono, más de un tercio de todo el carbono” y absorbe “2.000 millones de toneladas de CO2 cada año”, “cinco por ciento de las emisiones mundiales anuales”, ganga para los mercados bursátiles de carbono (amazonconservation.org/). Fearnside listó recursos minerales (incluso litio) y en energía hidroeléctrica, agricultura y ganadería, madera, no maderables y turismo.

Esa cuenca es “la más grande” (ídem) con “230.000 m³ de agua/segundo”, “20 por ciento del agua dulce en superficie” (Cepal) y más de mil afluentes. Será promisorio filón, ya que “desde el 7 de diciembre de 2020 los derechos (especulativos) sobre uso de agua cotizan en Wall Street” (https://elpais.com/economia/2021-08-15). Se apresta el saqueo recolonizador.

Estados Unidos adelanta programas envolventes sobre la Amazonia en Perú y Brasil e interviene de facto en Colombia con 12 Black Hawk, restos de Afganistán ¡Quién hubiera imaginado que le arrimaría el hombro el “primer Gobierno de izquierda”, el de Petro!

Columna de opinión tomada de Revista Semana.
Publicada el 24 de septiembre de 2022.

Imagen de Aurelio Suárez

Aurelio Suárez

Ingeniero industrial de la Universidad de los Andes, miembro de número de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas (ACCE) y catedrático universitario por décadas en distintas áreas de economía. Autor de 13 libros sobre modelo económico neoliberal, agricultura, política económica, libre comercio, economía de Estados Unidos y crisis financiera, confianza inversionista, minería, Bogotá, la economía de Colombia de las últimas tres décadas y transición energética. Coautor de varios libros sobre teoría económica, agro, medio ambiente, política de izquierda y el TLC. Escritor de cartillas pedagógicas para productores agrarios y campesinos sobre café, el TLC y el sector lácteo. Columnista hace 36 años, en periódicos regionales, en El Tiempo.com, en El Espectador y en la revista Semana de febrero de 2021 a la fecha. Panelista del programa ‘Mañanas Blu’ de Blu Radio desde septiembre de 2012. Directivo de organizaciones gremiales, cafeteras, agropecuarias y del comercio. Militante siempre en la izquierda política, en el Polo Democrático Alternativo (PDA) fue directivo, asistente en áreas económicas y sociales de Carlos Gaviria Díaz y candidato a la alcaldía de Bogotá en 2011. Es colaborador del periódico Soberanía del partido Colombia Soberana desde 2023.

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