En lo corrido del 2026, el manejo del estadio Nemesio Camacho El Campín ha sido un tema de gran controversia para las y los bogotanos, especialmente por el mal estado del gramaje, que trajo como consecuencia el aplazamiento de tres partidos por la liga colombiana, que se jugarían en Bogotá, correspondientes a los equipos de Santa Fe, Millonarios y Fortaleza. Si bien el problema del gramaje es algo que afectó la realización de eventos deportivos, causándole molestias a varios ciudadanos, esto solo hace parte de un cúmulo de consecuencias nefastas que ha traído el modelo neoliberal de la ciudad sobre los recintos deportivos, que inició con Petro y al que sus sucesores, hasta Carlos Galán, le han dado continuidad.
Todo inició en el mandato de Gustavo Petro como alcalde de Bogotá, en donde se empezó a estudiar la alianza público-privada (APP) para convertir el coliseo de Bogotá en lo que hoy conocemos como Movistar Arena. Poco antes de acabar su mandato, la etapa de estudios del proyecto finalizó y adjudicó los contratos para que, en el 2016, su sucesor Enrique Peñalosa firmara los contratos y se le diera vía verde a la realización del proyecto, el cual finalizó en el año 2018. ¿Cuál fue el resultado? Bogotá sacrificó un escenario para el crecimiento y desarrollo del deporte de los capitalinos para que este se convirtiera en un escenario de conciertos, con un alto margen de ganancia para Colombia de Escenarios (operador privado que hoy administra el Movistar Arena) y con un mínimo de ganancia para el distrito.
Este modelo neoliberal ha impregnado fuertemente la ciudad. El caso más representativo, al igual que lo acontecido con el coliseo de Bogotá, es Transmilenio, donde el distrito pone la infraestructura, el privado la administración, y las ganancias van dirigidas a este último, principalmente. ¿Qué acontece con el Campín? Al igual que sucedió con Petro, los bogotanos se ilusionaban erróneamente con un cambio con la llegada de Claudia López a la administración de la ciudad, cuando la verdad fue que resultó ser una neoliberal más, bajo un discurso progresista (algo que ya se lograba interpretar desde su campaña), y qué mayor prueba que terminar la tarea iniciada por Petro y Peñalosa: en la administración de López se empezó a estructurar el proyecto de lo que sería la privatización del máximo escenario deportivo capitalino. Como una fotocopia de hacía ocho años, se adjudicaron los contratos en el cierre de su alcaldía para que hoy Carlos Galán desarrollara el proyecto.
¿Cómo ha tomado forma esta segunda parte de la privatización de escenarios deportivos de los bogotanos? El pasado octubre de 2024, Carlos Galán le entregó la operación del estadio El Campín a Sensia S. A. S. (empresa dedicada a sacar ganancias del sector inmobiliario y entretenimiento). ¿Esto qué quiere decir? Que este privado ha recibido gran parte de los ingresos que han entrado por eventos, mientras que al distrito, de acuerdo con debates del Concejo de Bogotá, recibe tan solo el 1 % de boletería. Al igual que pasó con el coliseo de Bogotá, se tomó uno de los recintos deportivos más importantes de la ciudad y se transformó en un medio de ganancias para privados.
¿Cómo le ha ido a la ciudad con esta decisión? ¡Nefasto! Pues no solo la ciudad ha dejado de recibir ingresos (ingresos que Galán ha intentado reemplazar mediante el intento de ejecutar dos reformas tributarias en la ciudad), sino que también se han afectado los eventos deportivos, principalmente dedicados al fútbol, que se han visto perjudicados por el daño del gramaje, dado el exceso uso del escenario para conciertos y el precario mantenimiento a la cancha. Esto, totalmente en contravía de lo plasmado por la familia de don Nemesio Camacho, quienes en los años treinta donaron estos terrenos a la ciudad con la condición de que se construyera el estadio con su nombre, y que fuese utilizado principalmente para el deporte. Una voluntad que hoy se ve entorpecida por el modelo neoliberal que se ha implantado en la ciudad por años.





