De Guillermo León Valencia a Paloma Valencia

La historia de Colombia está marcada por sus oligarquías. El caso de la actual candidata presidencial, Paloma Valencia, no es la excepción: discípula obediente de Álvaro Uribe Vélez, actor político central de este cuarto de siglo y nieta del expresidente Guillermo León Valencia y del exsenador de la Alianza Democrática M-19, Mario Laserna Pinzón.

Su abuelo Guillermo León Valencia, presidente entre 1962 y 1966, apodado “el pacificador” —no por buscar la paz en una Colombia convulsionada, sino todo lo contrario—, fue el segundo mandatario del Frente Nacional, ese pacto entre la oligarquía liberal y conservadora para turnarse el poder durante 16 años.

La gran herencia de Guillermo León Valencia es la consolidación hegemónica de Estados Unidos en Colombia tras la Segunda Guerra Mundial, en el marco de la disputa entre dos bloques: la Unión Soviética y Washington. En 1959, la llegada de los barbudos al poder en Cuba —tras derrocar al dictador Fulgencio Batista, aliado de los norteamericanos— encendió las alarmas en la Casa Blanca y, paradójicamente, inspiró a sectores de la izquierda foquista, que impulsaron células guerrilleras bajo el errado precepto de la combinación de todas las formas de lucha. Para frenar la propagación de esos aires subversivos, el gobierno de John F. Kennedy lanzó la Alianza para el Progreso y el Plan LASO. Colombia tuvo allí un papel protagónico.

Se invirtieron 880 millones de dólares entre 1961 y 1969, supuestamente para fomentar crecimiento, distribución de la riqueza, diversificación económica, reforma agraria, vivienda y educación (Ureña-Sánchez, M., & Dermer – Wodnicky, 2020). Pero, en palabras de Ocampo Trujillo (2016), aquello fue una nueva forma de dominación: «No se trataba ya de imponer gobiernos de tipo colonial bajo control directo, sino ejercer un dominio por medio del capital, es decir, un dominio indirecto, sin fuerza militar, con toda la eficacia del caso.» (p. 123) Este esquema venía cocinándose desde la adhesión de Colombia al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) en 1947. Años después, en el marco de la Alianza para el Progreso, surgiría el Plan LASO (Latin American Security Operation), precursor de un mal que aún aqueja a la nación: el paramilitarismo. Los paramilitares, junto a los grupos subversivos, representan una guerra que “no solucionaría nada y lo empeorarían todo», como sentenció el padre Francisco de Roux, tras la desmovilización de las FARC en 2016.

Por otro lado, su abuelo materno Mario Laserna Pinzón, fundador de la Universidad de los Andes, cerró su carrera política como senador de la Alianza Democrática M-19. Paradójicamente, el partido surgido de una guerrilla terminó cobijando a un miembro de la oligarquía conservadora. Como anotó Bushnell (2020) también fue una mezcla de “Vodka y agua bendita” (p. 346): un partido conformado por personajes del tradicional partido conservador.  Esto muestra como las élites en Colombia saben reciclarse y ocupar cualquier espacio, incluso aquellos que aparentan ser de izquierda.

Paloma Valencia en busca de la herencia oligárquica: El poder

Nacida en 1976, abogada de la Universidad de los Andes, Paloma Valencia ha orientado su carrera política a la presidencia a recrear —como ella misma ha declarado— el Plan Colombia 2.0 (El Tiempo, 25/01/26). Bajo la excusa de combatir el narcotráfico, su propuesta no es otra que profundizar las políticas retardatarias que han hundido al país en los últimos 30 años. Según Suárez Montoya (2022) sostiene que el Plan Colombia no fue un mero acuerdo antidrogas, sino la forma en que se «trazó las rutas por donde debería transitar la economía nacional»: una receta que no es criolla, sino extranjera fraguada en el Congreso de Estados Unidos, que instigaba al entonces presidente Pastrana a «abrir completamente su economía a la inversión extranjera» (pp. 69-70).

Ese acuerdo de recolonización, de inicios del siglo XXI, permitió la privatización de ISA e ISAGEN, los ajustes fiscales, la reconversión agrícola hacia cultivos tropicales y la promoción de tratados de libre comercio. Todo ello amparado en la Ley de Preferencias Andinas —un programa de reducción arancelaria disfrazado de iniciativa antidrogas—. No fue otra cosa que la adecuación del país al saqueo norteamericano.  La actual candidata lo ve con buenos ojos y aspira a profundizar ese sometimiento.

Paloma Valencia aún no ha presentado su programa de gobierno. Pero sus pocas apariciones en debates, el perfil de quienes acompañan su campaña y sus propias declaraciones permiten adivinar, desde el desayuno, cómo será el almuerzo. No son más que viejas ideas en cuerpos jóvenes: el legado de su abuelo Guillermo León Valencia y la sombra de su padre «putativo», Álvaro Uribe Vélez.

Referencias

Bushnell, D. (2020). Colombia una nación a pesar de sí misma. Ariel.

El Tiempo. (2026, 25 de enero). «Nosotros proponemos hacer de Colombia una potencia energética»: Paloma Valencia, candidata del Centro Democrático. [Artículo de prensa]. Recuperado de https://www.eltiempo.com/politica/elecciones-colombia-2026/nosotros-proponemos-hacer-de-colombia-una-potencia-energetica-paloma-valencia-candidata-del-centro-democratico-3527055

Ocampo, J. (2016). La educación. De la colonia al siglo XX: confrontaciones ideológicas y políticas. Ediciones Aurora.

Suárez Montoya, A. (2022). Saqueo: estudio de la economía colombiana 1990-2020. Soluciones alternativas (3.ª ed.). Ediciones Aurora.

Urueña-Sánchez, M., & Dermer-Wodnicky, M. (2020). La estrategia contrainsurgente en el conflicto armado colombiano desde el realismo defensivo (1962-1966). Revista de Relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad, 15(2), 43-56. https://doi.org/10.18359/ries.4495

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